La plastilina
Amasar, triturar, modelar, construir, deformar… La plastilina no está reservada a los niños “mayores” de más de tres años. Esta actividad también es apta para los más pequeños, aunque el resultado estético esté lejos de la perfección.
¿Qué le aporta esta actividad?
Al amasar la plastilina, el niño descubre una nueva textura y desarrolla la motricidad fina. Enséñale que se pueden obtener formas distintas con el mismo material. Haz bolas o churros, formas muy simples que pueda reproducir. Así ejercitará su capacidad de imitación. Y al mezclar las barras de diferentes colores, creará otros nuevos. Además, la plastilina también estimulará su creatividad e imaginación. Sin olvidar el poder “calmante” de la plastilina: ¡triturar relaja!
¿La plastilina es comestible?
Algunos padres tienen miedo de dejar que su bebé juegue con plastilina porque todavía se meten todo en la boca. Aunque la mayoría de las plastilinas que se venden no son tóxicas, no se pueden ingerir. Para evitar riesgos, compra una plastilina comestible, hay marcas que las fabrican. También puedes prepararla tú mismo mezclando 2 vasos de harina, 1 vaso de agua y ½ vaso de sal. O simplemente utiliza miga de pan. Le faltará color, pero no será peligrosa para el bebé. Independientemente del tipo de plastilina que escojas, no dejes al niño solo mientras realiza esta actividad.

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